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"Te vamos a solucionar": un acercamiento antropológico de la corrupción
Publicado: 10/29/20 09:48:a. m.

«Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo»

Ludwig Wittgenstein

La corrupción es un fenómeno que atraviesa el funcionamiento del Estado, siendo vista como un flagelo similar a un carcinoma que debilita a las instituciones y prolifera la desconfianza de la población en el sistema democrático.

Definirla sin pecar de homogéneos y terminar por atenuar los alcances del término es un completo desafío, pero considerar a la corrupción como una práctica que dispone de signos locales puede mejorar su interpretación y desactivación. Esto atendiendo a las definiciones universalizantes de la academia en los años noventa, siendo este el tardío inicio exhaustivo de su estudio por razón de una especie de "diplomacia en la investigación", Gunnar Myrdal (1968). "Ser es ser retratado", explicaba el escritor Jorge Luis Borges que, aplicado a lo que aquí nos atañe, nos demanda la responsabilidad de tomar a la corrupción desde un esfuerzo por comprenderla hasta sus últimas consecuencias.

Como se verá, el retrato, interpretación, imagen y sentido del discurso opera en lo más íntimo del sujeto, siendo la corrupción parte de un discurso subyacente que llama al quiebre de las leyes y la injusticia por la búsqueda del beneficio propio. El exceso del relato individualista propone este ocaso en la democracia.


Si nos adentramos a nuestro contexto nacional, existen términos usuales y fácilmente identificables para retratar a la corrupción: desde el "Te vamos a solucionar", como símbolo del pago extra por el facilitamiento de un servicio público, como el "Entre nosotros nomás vamos a arreglar" o el tan gráfico verbo del "bicicleteo", podemos considerar que la corrupción edifica su propio vocabulario y, tanto peor, no opera en la marginalidad sino que explora en las vivencias cotidianas. Esta presencia en el lenguaje, usado con tonos campechanos y amistosos, desangran a las instituciones día tras día.

De esta forma podemos ver que la corrupción no solo es un asunto presenciado en las cumbres del Estado, sino que puede evidenciarse en las vivencias diarias.

La necesidad de superar estas prácticas demasiado humanas y reflexionar en nuestras interacciones y los alcances que pueden tener, es vital para sostener nuestro incipiente proceso de transición democrática.




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